Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¿Cómo?
¡Ya lo has oÃdo! Que Heeseman ha estado aquà para hacerme una visita.
—¡Fuego del infierno! —exclamó el ladrón, aturdido—. ¿Ha procurado armar pelea?
—Nada de eso… Yo creo que tenÃa curiosidad de verme.
—Bueno, pero ¿qué satisfacción le podÃa dar el verte?
—Parece muy astuto, Hank… Habrá querido tomarme la altura…, y si ése ha sido su objeto, puede estar plenamente satisfecho.
—¿Ha dicho algo de m� —preguntó, Hays con los ojos súbitamente animados por un siniestro fuego.
—Eso ha sido lo más gracioso… Ni siquiera te ha mentado —fue la poco verÃdica respuesta del joven.
—¡Hum…! No te fÃes de ese perro… Es el hombre más solapado que existe en todo Utah… Habrá procurado trabar amistad contigo, ¿eh?
—Me parece que su intención es medir las fuerzas de su banda con las de la tuya.
—¡Ajá…! Debà haberlo previsto… Bien puede ser —admitió Hays, meditabundo—. No es digno de nosotros el aguantar sus avances… Heeseman es un canalla, pero es tan valiente como ladrón.