Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Bueno…, ya te lo puedes figurar —fue la evasiva respuesta de Hays.
—Apuesto a que te has traÃdo la hermana de Herrick. —Ya veo que eres un chico listo…, mereces el número uno de la escuela.
—Hank Hays, después de tanto hablar nos han engañado —bramó Smoky.
—Bueno, pues si lo he hecho asÃ…, figuraos que he jugado limpio.
—¡Jugado limpio…! ¡Maldición…! ¡Eres un embustero…! ¡Eres un tramposo…! Eres un… ¿Te figuras que puedes meternos en negocios tan sucios como éste…? ¿Basta un buen palmito para que nos hagas traición…? ¡GrandÃsimo…!
Adelantóse Jim con rapidez amenazadora.
—Hays, basta de bromas —dijo con voz de trueno—. La señorita vuelve ahora mismo a su casa.
—¡Idos todos al infierno! —replicó el ladrón con tono estridente—. Marchaos o quedaos, pero si me dejáis decir una palabra, oiréis que esta moza la he traÃdo para obtener rescate, ella me ha seguido voluntariamente, pues de lo contrario habrÃa matado a su hermano, que nos ciará por ella veinticinco o tal vez cincuenta mil dólares. ¿No se ha de aprovechar una ocasión asÃ?
—¡Ah…! ¿Es ésa tu intención? —preguntó Smoky.