Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¡Cielos…! ¡Qué paso trae…! No es sorprendente que le tomáramos por un escuadrón.
Una abertura del bosque dejó ver a Jeff, que se acercaba a galope tendido. Con los ojos inflamados y echando humo, su pesada cabalgadura levantaba nubes de polvo.
—¡La cuadrilla de Heeseman nos persigue! —anunció jadeante—. Estaba a unas cinco millas cuando dejé el puesto.
Smoky se volvió con frÃa rabia hacia su jefe, diciendo:
—¡Asà te…! ¿Estás viendo en lo que nos has metido?