Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Hays montó en su caballo e inclinóse para coger la cuerda que el de la señorita llevaba atada al cuello.
—¡Usted me dijo una mentira! —dijo trémula de enojo la secuestrada—. Me aseguró que si no oponÃa resistencia, pronto me dejarÃan en libertad…, y ahora estamos a mil leguas del rancho…
Hays, sin hacer el menor caso, puso en movimiento su caballo, guiando el de Elena.
—¡Jim Wall…! ¿Va usted a permitir este ultraje? —imploró ella volviéndose hacia él.
—Ningún poder tengo, señorita —contestó rápidamente Jim—. No soy más que uno de la banda de Hays…, nos persiguen, y aún será peor si cae en poder de Heeseman.
—¡Qué horror, Dios mÃo…! Yo no quiero que me lleven a ese espantoso agujero.
—Poned los caballos de carga en fila detrás de mà —ordenó Hays—. Una vez que lleguemos al rÃo me comprometo a darles esquinazo.
—¡Bah…! Estás loco —murmuró Smoky—. Heeseman conoce el terreno tan bien como tú.