Guarida de ladrones

Guarida de ladrones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno…, dejaré el jarro… Esos dos condenados defensores de mujeres han hecho una poza en el arroyo… Me llevaré la vasija y no hablemos más.

Durante este intervalo, Elena lanzó a Jim tan elocuente mirada de súplica y esperanza, que el joven sintióse poseído por la desesperación…

—Y usted…, ¿cuál es su nombre? —preguntó la inglesita volviéndose al diminuto ladrón.

—Puede usted llamarme Smoky —repuso con ambigua sonrisa. La hermosura y pureza de la cautiva habían conmovido su duro corazón.

—Usted es, amigo de Jim… y me ayudará… ¿No es cierto?

—A eso vamos…, mas ¡cuernos…!, no hable tan alto… Que nadie se entere de lo que tramamos…, ni de la parte que usted tome en ello —y Smoky volvió a su trabajo, antes de que se acercara Hays.

Elena entró en la tienda, donde Jim la oyó extender las mantas sobre los helechos.

Poco más se habló aquel día, hasta que, por orden de Hays, dióse por terminada la tarea.

—¿Dónde has extendido el petate, Smoky? —preguntó Hays.

—Bajo aquellas peñas, junto a Latimer…; el pobre necesita quien le cuide.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker