Guarida de ladrones
Guarida de ladrones En cambio, Jim se quedó muy complacido. Aunque no le temía al sol, había traído un montón de hojarasca y tres largos maderos para hacerse una especie de sombrajo. La tarea resultó difícil por no haber tierra en que clavar los maderos; por fin logró acoplarlos entre las piedras y pudo sentarse a la sombra, para disfrutar del merecido descanso.
Mas poco tardó en levanta se de nuevo. Estaba inquieto, nervioso. El hallarse día tras día entre aquellos hombres, teniendo que ocultar constantemente sus pensamientos, le producía perenne intranquilidad. Happy era un buen hombre, que ningún punto de contacto tenía con los ladrones. Carecía de fuerza, variaba como el viento, y siempre le convencía el último que llegaba. Smoky era el alma de la banda, si tal nombre se le podía dar a alguno de los secuaces de Hays; los demás le habían aceptado por compañero y él quería hallarse presente cuando surgiera la disputa. Su ayuda podía ser muy valiosa.