Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Eso es portarse como buen compañero… ¿Cuántas cartas, Jeff…? Oye, Smoky…, ¿es que ya ni por casualidad abres la boca…? No sé verdaderamente en lo que estás pensando.
—Más vale que no lo sepas —dijo en tono sombrÃo el hombrecillo. Hays tenÃa la alegrÃa ruidosa cuando ganaba, pero se ponÃa inaguantable si perdÃa.
Jim alegrábase mucho de que hubiera pasado esta fase de su conexión con la cuadrilla. HabÃa jugado varios dÃas, ganado y perdido, todo en interés del proyecto que mentalmente estaba madurando. Si no sobrevenÃa nada imprevisto, el juego conducirÃa a la inevitable reyerta; que Hays ganara o perdiera, habrÃa pelea. Cada dÃa las apuestas eran mayores, el juego más atrevido, y la acritud de los que perdÃan más profunda. TenÃan demasiado dinero aquellos ladrones… HabÃa sido mal ganado, y sólo daños les acarrearÃa su posesión.
Mac se alegró tanto de verse prontamente relevado de su solitaria guardia sobre el soleado peñón, que echó a correr como un chiquillo por la senda que llevaba al campamento.