Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Hank, escóndete con la prisionera, mientras nosotros combatimos —dijo Smoky, que habÃa sacado la cabeza entre las matas que le servÃan de refugio.
—¿Esconderme…? ¿Cómo demonios se te ocurre…?
—Ya sabes que te vamos conociendo.
—Hays…; los presentes preferimos morir peleando, a deberle la vida a una bala tuya —dijo Happy con un frÃo desprecio, del que Jim, no le habrÃa creÃdo capaz.
—Bueno…, os complaceré —contestó Hays tras breve reflexión. HabÃa degenerado hasta el punto de que su pasión le dominaba por completo.
—¡Tú te quedas aquÃ!, —mandó imperiosamente Jim—. Tú nos has metido en este atolladero. Tú nos has engañado y hecho traición, y ¡vive el cielo!, que combatirás, a menos que seas tan cobarde como traidor.
El grisáceo rostro del jefe se puso lÃvido. Sólo entonces comprendió el significado de las despreciativas palabras de sus compañeros.
—¡Sois un hato de traidores!
—No tanto como tú…, y si salimos de este lÃo, que me temo que no salgamos, tendremos que ajustar cuentas tú y yo declaró Smoky.