Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Llegaron los caballos, espantados, pero no desbocados, y Mac los encerró en el corral… Bridges, tambaleándose sobre su montura, siguió a Mac al corral, llegando a tiempo de ser recogido por éste al caerse. Hays, casi sin aliento, llegó de la parte opuesta.
—Heeseman… y su banda… Total, nueve… Se separaron… quieren rodearnos… pero no pueden cruzar… por el camino de abajo… y por arriba… no hay paso… Todo va bien.
—Ya se ve por las trazas… ¡ja…!, ¡ja!, —rió Smoky en tono zumbón, volviendo a esconderse.
Mac arrastró como pudo al corpulento Bridges hasta la zona de seguridad, dejándole allà con la cabeza apoyada en un arrollado petate.
—¿Dónde tiene el tiro? —preguntó Hays—. Lástima no haber visto antes al que lo disparó.
—Le ha atravesado.
—Hank… de esta hecha… estoy listo —dijo con debilidad el herido.
—Deja que mire…
El jefe se arrodilló junto al moribundo, separando la ensangrentada camisa… La bala habÃa entrado por la espalda, atravesándole de parte a parte.
—Bueno…, nada hay que hacer… Reza alguna oración, Jeff… y que coja otro sus armas.
—Tómalas tú mismo, Hank —propuso Mac en tono displicente.