Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Monta el rifle… Aunque me parece que estando Hays a la mira, ha debido verlos antes.
—Tienes razón… serán Mac y Jeff.
La suposición era exacta. Media docena de caballos entraron a la desbandada en el óvalo, perseguidos por los dos ladrones, que montaban en pelo. Sobre el ruido de los cascos, elevóse la estentórea voz de Hays, gritando:
—¡Al campamento…! ¡A escape…! ¡Llevad los caballos por delante!
Y el jefe bajó a saltos por el atajo. Sus palabras iban dirigidas a Mac y Jeff, que debieron correr mayor riesgo que él.
—Jim, no pierdas de vista aquel peñasco —advirtió Smoky, a tiempo de parapetarse tras de la crecida maleza.
Una nubecilla de humo apareció sobre las desigualadas del pétreo borde. ¡Pam! Se habÃa roto el fuego.
Uno de los hombres, Bridges, dejó escapar un bronco alarido y se tambaleó hasta casi perder el equilibrio. Jim apartó la vista de él para fijarla en la altura. Otra nubecilla blanca y algo negro que sobresalÃa del borde… un sombrero, Jim alzó el rifle… y retumbó la detonación, desapareciendo el sombrero.
—Si ese pájaro no ha tomado la precaución de poner el sombrero en un palo, apuesto a que tiene taladrada la mollera —murmuró Smoky.