Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Usted y yo estamos en paz, mas ya encontraré a su nuevo compañero en otra ocasión.
—Cuando guste, Stud. Por mi parte, no le guardo rencor.
El hombrecillo se acercó al mostrador, seguido de Marley y del gigante de la rojiza barba.
—Convidadme a una copa. Me he quedado sin blanca —dijo el despojado fullero con ahogado acento. Después de beber, abandonaron el local.
Hasta que salieron, no se volvió Hays hacia su amigo, y entonces pudo ver que su rostro estaba pálido.
—Jim, ése… traÃa las dos pistolas ocultas para matarme.
—Soy de la misma opinión —asintió Jim gravemente—. Observé que estabas perdido, pues necesitabas levantarte para… emplear tus argumentos.
—¡Ah! —exclamó Hays respirando a pleno pulmón, mientras se enjugaba la frente. Happy y Brad volvieron a acercarse a la mesa.
—Brad, ¿dónde estabas cuando surgió la cuestión?
—Procurando ponerme a salvo.
—SÃ, ya lo he visto. Jim, te quedo muy agradecido. A mà no me hubiera gustado escurrirme en ese particular momento. Tú puedes jugar; no puedo olvidarlo. Me gustarÃa saber una cosa.
—¿Qué?