Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¿Lo has intimidado?
—DifÃcilmente. Has hecho bien en no intentar sacar el arma. Pues al más pequeño movimiento…
—Te habrÃa dado mucho juego… Ese jugador Stud se ha creado un nombre aquà por su rapidez en sacar la pistola…
—¡Bah!, —cortó Wall bromeando—. Los hombres que saben manejar pistolas no las llevan tan bien guardadas.
—Bien; aquà no he visto otro como él todavÃa —repuso Hays—. Cuando le llamé, no aparté Tos ojos de su mano, que tenÃa extendida sobre la mesa. Comprendà que podÃa disparar fácilmente sobre él, y tenÃa intención de hacerlo. Pero ¡diablos!, ¡qué poco le hubiera costado taladrarme él a mÃ!
—Le hubiera costado mucho, estando yo presente… Vamos a dormir, Hays; tengo sueño.
—Bien pensado…, pero vamos a beber primero. Los cuatro se agruparon ante el mostrador.
—Jim —dijo Hays levantando la copa—. Es muy notable cómo unas cosas traen las otras. Cuando te encontré junto al transbordador me dio el corazón que eras el hombre que necesitaba… Y he acertado… ¡A tu salud!
Tras de apurar las copas, dieron las buenas noches al Rojo y salieron a la intemperie. La noche era oscura, ventosa y frÃa.