Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Un simpático muchacho, que parecía ser el hijo del dueño, encargóse de servir a Wall. Lo primero que escogió fue una hermosa manta para el caballo. Después fue comprando herraduras, clavos, martillo y lima, artículos que desde largo tiempo necesitaba, y por cuya carencia andaba el bayo cojo… Escogió luego un equipo completo de vestir, cuerdas, e hizo abundante acopio para su Colt 45, recordando la imperiosa necesidad de una práctica constante, de tiempo olvidada, por la sencilla razón de que no tenía fondos. También se proveyó de algunas cajas de cápsulas Winchester 44. Hechas todas estas adquisiciones, sorprendióse Jim al ver el mucho dinero que le quedaba. Hays había estado muy rumboso. En vista de su opulencia, Wall se permitió comprar algunos artículos de lujo, tales como: pañuelo: de seda, brocha, navaja, peine, un par de toallas, jabón y, por último, nueces y bombones. Todo lo envolvió en un amplio trozo de hule, y echándose el voluminoso paquete al hombro, fue a reunirse con Hays, al que encontró comprando provisiones de boca.
—Necesitaré un caballo de carga —insinuó Jim.
—Bueno…, ya contaba con ello —contestó Hays riendo—. Tenemos cinco o seis caballos sobrantes… ¿Has comprado alforjas y un pellejo para el agua?
—No… No se me ha ocurrido…