Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Bueno… Ya te los compraré yo. Vete a dar prisa a Happy y Brad y diles que ensillen ahora mismo. No hay tiempo que perder para salir de aquÃ.
Wall encontró a los dos hombres por el camino.
—Hays me encarga que os dé prisa —dijo cuando los vio.
—Vamos corriendo. Wall, vas a tener un caballo de carga de primera —observó el jovial Happy.
Tal fue también la opinión de Jim cuando vio los seis caballos que esperaban en el corral, todos: fuertes y jóvenes, pero ninguno podÃa compararse a su bayo, y el joven alegrábase en el alma de que su hermoso caballo ya no necesitara llevar carga.
Jim dividió sus riquezas en un paquete pequeño y dos grandes, perfectamente acondicionados para poder soportar un largo viaje por pésimos caminos.
Apenas habÃa acabado, cuando llegaron Jack y Lincoln, abrumados por la pesada carga. Momentos después: presentóse Hays, y los envoltorios que traÃa delataban la abundancia de sus medios.
—Hank, traes cara de tormenta —observó Brad con mal disimulado regocijo.
—No me faltan ganas de descargarla sobre alguien. ¿Qué os parece…? Ese zorro de Sneed, siempre me ha hecho pagar al contado, pero hoy ha exigido: el pago anticipado.