Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Le repugnaba la perspectiva de ser cómplice, aunque involuntariamente, de la desgracia de una mujer. Pero en los últimos años, ¡eran tantas las cosas que había hecho a disgusto…! ¿A qué rebelarse contra las circunstancias? Hank Hays le había proporcionado una buena colocación, y debía darse por satisfecho. Los mendigos no deben ser descontentadizos, ni escrupulosos los ladrones. Sin embargo…
Púsose en marcha para que el ejercicio diera nuevo giro a sus pensamientos. Evitando el echar otra larga mirada al vasto espacio que tenía delante, exquisitamente claro por lo diáfano de la atmósfera, metióse por un empinado atajo, que: en breve le condujo: al llano, y desde allí tomó el camino hacia la amplia barraca de Hays, satisfecho y descontento, a partes iguales, por lo que había visto y oído aquella mañana.