Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¿Jim Wall…? ¡Vaya si se lo diré! Ninguno de los del equipo de Hays ha hecho otro tanto.
—Son un hato de brutos… En mi tierra no somos asÃ.
Jim regresó pasando por las calles formadas por las barracas de los cowboys. La mayorÃa de éstos eran muchachos que apenas llegaban a los veinte años. Los que estaban a las puertas le miraron con disimulado desdén, cuchicheando después entre ellos. Al llegar al corral inmediato a la casa de Hays, desensilló el bayo, dejándole libre como los demás caballos. Él se aligeró también, pero tomó su Winchester.
Hays le saludó desde el banco del porche, en el que estaba sentado con varios de sus hombres.
—¿Dónde has estado, Jim…? ¿Dando un vistazo por el campo?
—SÃ; montones de ojeadas, como dirÃa un indio. Me detuve para dar las buenas tardes a Heeseman, pero no habÃa, regresado aún al campamento.
—Está visto, Jim, que tienes los nervios bien templados. Ahora mismo estaba diciendo a éstos lo simpático que has sido al amo.
—¡Venid y llenad el buche antes de que vengan los otros! —chilló alegremente Happy desde el interior.