La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Duane, que era expertísimo en la puntería, comprendió en el acto que Black apuntaba demasiado alto. Miró el duro rostro de aquel hombre y, al notar su expresión y al ver también que estaba congestionado, se confirmaron sus sospechas de que el bandido no apuntaba al cubo. Entonces Duane dió un salto y de un golpe hizo caer el arma al suelo. Otro forajido se apresuró a recogerla.
Black cayó hacia atrás, asombrado a más no poder. Privado de su arma, no parecía ya el mismo hombre, o quizá cobró miedo al ver la formidable figura y la expresión del rostro de Duane. El caso es que dió media vuelta rápida y se alejó sin reclamar siquiera el arma.