La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Y mientras pronunciaba estos dos monosÃlabos, pudo sorprender el pálido rostro de Jennie en el lado opuesto de la ventana. Se avergonzó al pensar que se alegraba de que ella no pudiese verle. ¿RecordarÃa la joven su promesa de no interpretar mal ninguno de sus actos? ¿Qué pensarÃa de él, al verle en la oscuridad, abrazado a aquella liviana mujer? Pero la rápida aparición del pálido rostro de Jennie y el resplandor de sus ojos le causó tan intensa emoción, que ya tuvo la fuerza necesaria para no pensar en otra cosa que en lograr su propósito.
—Ove, querida mÃa —dijo a aquella mujer, aunque sus palabras iban dirigidas, en realidad, a la joven—. Estoy dispuesto a sacarte de esta guarida de bandidos, aunque para ello tenga que matar a Bland, a Alloway, a Rugg o a cualquiera que se interponga en mi camino. Te trajeron aquà a la fuerza. Yo sé que eres buena… En otro lugar cualquiera te aguarda la felicidad…, un hogar entre personas decentes que te querrán. Espera solamente a que…