La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre El abrazo y las tiernas e incoherentes palabras con que ella le recibió, hicieron comprender a Duane que Euchre le había referido ya lo ocurrido con Black.
—¡Podría haberte matado! —murmuró pronunciando tales palabras con la mayor claridad.
Si Duane oyó alguna vez en su vida el acento amoroso de una mujer, fue, sin duda, entonces. Aquello suavizó sus sentimientos. Díjose que, en definitiva, era una mujer débil y desgraciada, puesto que se veía hundida en el infortunio y en la tragedia. Aceptó, pues, sus caricias y sus palabras y le dio un beso. La emoción que ella demostraba habría bastado a realzar el atractivo de cualquier mujer, y no hay que olvidar que ella poseía ciertos encantos. Resultaba fácil, y aun grato, besarla, pero Duane decidió que, hiciera lo que hiciese ella, él se limitaría por su parte a representar el papel que se veía obligado a desempeñar.
—¿Me quieres, Buck? —murmuró.
—¡Sí…, sí! —exclamó Duane, deseoso de acabar aquella escena.