La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre ¿La había olvidado? ¿No recordaba ya la promesa que le hizo de salvarla y su decisión de destruir todas las vidas que se interpusieran entre ella y la libertad? Estas ideas le distrajeron de su dolorosa introspección. Aquella muchacha era distinta de todo lo demás. ¡Qué extraño y misterioso sino le acercaba a ella! Su pecho estaba lleno de gratitud. Él veíase forzado a vivir como un forajido y ella había sido arrancada a su familia y sumida en la esclavitud. Encontráronse los dos, en el curso de sus vidas, y él pudo infundir alguna esperanza en la existencia de la joven y ésta contribuyó, quizás, a que él no se hundiese hasta el nivel de los que la habían raptado. Duane experimentó de pronto un fuerte e incontenido deseo de verla y de hablar con ella. Tales ideas cruzaron por su mente mientras se dirigía a casa de la señora Bland. Dejó que Euchre se adelantase a él porque necesitaba algún tiempo para recobrar la calma. Había oscurecido casi, cuando llego allí; en la casa no vio brillar luz alguna y pronto advirtió que la señora Bland le esperaba en el soportal.
Ella le abrazó. Aquel contacto repentino y violento le hizo estremecer de tal manera, que casi llegó a olvidar el papel que estaba desempeñando. Pero aquella mujer, a causa de su agitación, no advirtió siquiera el estremecimiento.