La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre »Pero Jennie me sorprendió de veras. Estaba más pálida que el papel, con los ojos muy abiertos y asombrados; pero demostró que no la habÃa abandonado el ánimo. En realidad fue la primera vez que se portó valerosamente.
»—Jennie —dijo él—, mi mujer asegura haber dicho a Duane que viniese a verte. Estoy seguro de que miente. Sospecho que tiene relaciones con él, y quiero saber la verdad. Si es asà y tú me lo dices, te dejaré en libertad. Haré que te lleven a Huntsville, en donde podrás ponerte en comunicación con tus amigos. Y, además, te daré dinero.
»Sin duda estas palabras asustaron mucho a Catalina Bland. Por otra parte, si alguna vez he visto la muerte en los ojos de algún hombre, fue mirando a los ojos del jefe. Él quiere a su mujer y esto es lo más raro del asunto.
»—Dime si Duane ha venido aquà a visitar a mi mujer —preguntó Bland en tono feroz.
»—No —contestó Jennie.
»—¿Ha venido por ti?
»—SÃ.
»—¿Se ha enamorado de ti? Asà me lo ha dicho Catalina.
»—No… no sé… lo ignoro… no me lo ha dicho.
»—¿Pero tú le quieres?