La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre »—Sí —contestó ella.
»Me gustaría, Buck, que usted hubiera podido verla. Irguió la cabeza y sus ojos estaban llenos de entusiasmo. Bland pareció quedar anonadado. Alloway, el gran bandido, lanzó un grito de sorpresa como si le hubiesen pegado un tiro. Ya sabe usted que está enamorado de Jennie. Y aquella mirada de la chica era lo bastante elocuente para hacerle perder toda esperanza. Salió de la casa como alma que lleva el diablo. Ya le he dicho a usted que Alloway quiso que Bland se la diese por mujer. Ya ve que incluso una bestia como Alloway es capaz de amar a una muchacha.
»A todo esto, Bland iba de un lado a otro de la habitación como loco. Se veía que estaba sufriendo un tormento horrible.
»—Jennie —le dijo, volviéndose otra vez hacia la chica—, estoy seguro de que mientes por miedo. Contesta la verdad y dime si Duane sostiene relaciones amorosas con mi mujer. ¿Ha venido realmente a verte a ti? ¿No hay nada entre ellos dos?
»—No. ¡Lo juro! —contestó Jennie.
»Bland se dejó caer en una silla, como hombre a quien acaban de dar un palizón.
»—¡Pues vete a la cama! —gritó.
»Bland murmuró luego algunas palabras, sin duda insultantes, y pude ver cómo se estremecía en su asiento.