La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre En aquel momento no sentÃa la menor excitación ni inquietud. Ya no tenÃa necesidad de pensar ni de planear cosa alguna. HabÃa llegado la hora y estaba dispuesto, comprendiendo muy bien lo arriesgado de su proyecto. Después sus ideas se concentraron en Euchre y en la sorprendente lealtad y bondad de aquel rudo y viejo bandido. El tiempo transcurrÃa lentamente. Duane consultaba con frecuencia su reloj. Esperaba poder realizar su plan, alejándose antes de que los forajidos abandonaran la cama. Por fin oyó el roce de las botas de Euchre en el duro pavimento y advirtió que sus pasos eran más rápidos que de costumbre.
En cuanto apareció por la esquina de la cabaña, Duane sintió menos asombro que preocupación al observar que el proscrito estaba pálido y tembloroso. TenÃa el rostro cubierto de sudor y su mirada parecÃa algo trastornada.
—¡Por ahora estamos de suerte, Buck! —dijo jadeante.
—Nadie lo dirÃa al verle —replicó Duane.
—Es que estoy impresionadÃsimo. Acabo de matar a mi hombre. Es la primera vez que he hecho una cosa asÃ.
—¿Y a quién ha matado? —preguntó, sobresaltado Duane.