La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —¡Se equivoca usted, amigo! —le contestó—. Y, puesto que quiere saberlo, le diré que me hallo en una situación insostenible. No le habÃa dicho aún que Alloway me llamó ayer noche para decirme que sospecha de mi conducta.
—¿De modo que me acompaña usted? —preguntó Duane adivinando la verdad.
—¡Claro que sÃ! Iré con usted al infierno, o a buscar la salvación más allá de la montaña. ¡Ojalá fuese yo un pistolero! No sabe usted lo que lamento tener que marcharme sin agujerear la piel de ese Jackrabbit Benson. Y ahora, Buck, haga usted lo que pueda, mientras yo voy a curiosear por ahÃ. Afortunadamente, es aún muy temprano.
Euchre se caló el sombrero y, al marcharse, observó Duane que llevaba canana y revólver. Era la primera vez que le veÃa armado asÃ.
Duane se dedicó a meter sus escasos efectos en las alforjas y luego sacó las sillas al corral. La abundancia de alfalfa que halló en éste demostraba que los caballos habÃan comido mucho; en realidad habÃan engordado durante su permanencia en el valle. Los abrevó, los ensilló sin apretar la cincha y luego les puso las bridas. Hecho esto, se dedicó a llenar de agua los dos odres de tela impermeable y después volvióse a la cabaña a esperar.