La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre En aquel momento le sobresaltó un ruido. ¿Lo habría producido él mismo pisando o rompiendo, sin darse cuenta, alguna ramita? Oyó el impaciente patear de los cascos de su caballo. Luego reinó la mayor tranquilidad. No obstante, siguió prestando oído, algo inquieto. Nunca estaba tranquilo con respecto a la seguridad de la joven ni a la suya propia, pues de sobra le constaba que no podía estarlo en aquella región.
El caballo bayo habíase internado en la espesura. ¿Qué causa le habría inducido a meterse allí?, pensó Duane. La hierba no fue, porque no la había. De pronto oyó al bayo y echó a correr para perseguirlo. El barro era muy blando y las plantas espinosas le impedían avanzar con rapidez. Por fin alcanzó al animal y, en el mismo instante, cruzó por las huellas que recientemente habían dejado numerosos caballos.
Al examinarlas se alarmó, porque pudo observar que eran recientes. Habíanse producido después de haber cesado de llover. Además, se trataba de caballos perfectamente herrados. Duane se enderezó, dirigiendo una cautelosa mirada a su alrededor. Su decisión momentánea fue volver al lado de Jennie. Pero había avanzado tanto a través de la espesura, que sin duda tardaría algo en reunirse con la joven. Una o dos veces le pareció oír crujidos entre la maleza, pero no se detuvo para cerciorarse que era. Sin embargo, estaba ya persuadido de que le amenazaba algún peligro.