La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre La puesta del sol y el crepúsculo hacían soportable todo lo demás. Aquella cabañita, situada en lo alto de la garganta, parecía conservar aún la presencia de Jennie. No era como si sintiera su espíritu, porque en este caso habría estado ya seguro de su muerte. Esperaba que Jennie no hubiese sobrevivido a su segundo infortunio, y lo deseaba con tanta intensidad, que llegó a creerlo; mas le faltaba la certeza. Al regresar a aquel paraje, y cuando visitó por segunda vez la cabaña, encontró las cosas tal como las dejara, e incluso pudo hallar una cinta descolorida y marchita que Jennie utilizara para sujetar su brillante cabellera. Era, pues, evidente que ningún forajido ni viajero llegó a aquel sitio solitario, y tal circunstancia lo hizo más querido para Duane.