La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Duane no llegó a saber nunca cuánto tiempo anduvo por aquella región. Por último llegó a una comarca conocida y encontró a un ranchero que en otra ocasión le recibió amistosamente. Allí pudo curar su brazo, comer y dormir, y al cabo de quince días volvió a recuperar todas sus fuerzas.
Cuando llego la ocasión de alejarse reanudando su interminable viaje, su amigo le comunicó, de mala gana, que a unas treinta millas al Sur, cerca del pueblo de Shirley, en el cruce de unos caminos, había un poste en el que se leía un cartel que ofrecía una gran recompensa a quien entregara vivo o muerto a Buck Duane. Éste había oído hablar varias veces de ello, pero nunca pudo ver ninguno de aquellos carteles. La resistencia que notó en su amigo a decirle la causa o el crimen de que se le acusaba para que se ofreciera tal recompensa, excitó la curiosidad de Duane. Nunca se acercó a Shirley más de lo necesario para llegar al rancho de aquel amigo suyo. Sin duda se trataba de algún robo en Correos o de algún asesinato que seguramente se le atribuía. También había sido acusado de otras cosas peores, pero en aquella ocasión Duane decidió ir allá para averiguar la razón de que desearan cogerlo vivo o muerto.