La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Cuando Duane llegó a la bifurcación del camino, el nombre de Fairfield, en el poste indicador, pareció ser el leve peso que hizo inclinar el platillo de la balanza en favor de aquella dirección.
Al obrar así respondía a un impulso inexplicable. Así como se sintió inclinado a ir en busca de Jeff Aiken, veíase ahora casi obligado a encontrar a aquel desconocido capitán de los guardias rurales. En el estado mental de Duane, el razonamiento, el sentido común o la agudeza de las ideas no tenían nada que ver en el asunto y continuo, su viaje porque sentíase inclinado a ello.
Anochecía ya cuando penetró en el pueblo que, según pudo averiguar, era Fairfield. El campamento del capitán Mac Nelly se hallaba en las cercanías de la población, aunque en el lado opuesto del camino seguido por Duane.
Nadie, a excepción del muchacho a quien interrogó, pareció haber notado su llegada. Como Shirley, también Fairfield era una población grande y próspera, comparada con las innumerables aldehuelas que salpicaban la enorme extensión de la parte sudoeste de Texas. Mientras Duane penetraba en el pueblo, evitando pasar por la calle principal, oyó las campanadas de una iglesia, que despertaron el melancólico recuerdo de su hogar.