La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre En aquel momento se oyeron pasos en el hall.
—¡Niñas! —exclamó Lawson con menos alegrÃa que otras veces.
—¿Qué ocurre, Floyd? —preguntó Ray—. Nunca os vi a papá ni a ti como estáis hoy…, tan preocupados. ¿Qué ha ocurrido?
—Pues mira, Ray, hemos tenido una pendencia —replicó Lawson, prorrumpiendo al mismo tiempo en una carcajada poco espontánea.
—¿Una pendencia? —preguntaron las dos jóvenes, llenas de curiosidad.
—Hemos tenido que sufrir un insulto intolerable —añadió Lawson con acento rencoroso, como si sus propias palabras aumentasen la cólera que sentÃa—. Pero voy a contároslo con detalles.
Dicho esto, tosió y carraspeó de un modo que indicaba sobradamente que habÃa bebido.
Duane se acurrucó aún más en la sombra que le ocultaba y después de relajar sus músculos para poder soportar la inmovilidad que le esperaba, se dispuso a escuchar con la mayor atención. Una sola palabra que Lawson pronunciase en un momento de ira podrÃa indicarle la pista que tanto necesitaba.