La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Fue en la sala del tribunal —empezó diciendo Lawson—. Tu padre y el juez Owens estaban conferenciando con tres rancheros que habÃan venido al pueblo. De pronto penetró ese maldito guardia rural, arrastrando a Snecker, es decir, al individuo que se ocultó aquÃ. Lo habÃa detenido, acusándolo de haber agredido al propietario de un restaurante, llamado Laramie. Pero como ese Snecker resultó inocente, fue absuelto y puesto en libertad. Entonces, el guardia rural en cuestión empezó a insultarnos a gritos. Dijo que la ley era una farsa en Fairdale y que lo que se hacÃa en el tribunal merecÃa el nombre de burla indigna. Añadió que aquà no se respetaba la ley y que tu padre debÃa ser denunciado por las ilegalidades que ha cometido en el desempeño de su cargo de alcalde. Le acusó de castigar solamente las pequeñas faltas y de que temÃa a los ladrones de ganado, a los salteadores de caminos y a los, asesinos y no procuraba siquiera darles el merecido castigo. Dijo que se valÃa de su cargo para engañar a los rancheros y a los ganaderos en cuantos pleitos y denuncias querÃan tramitar. Y ese tipo lo dijo todo a gritos, para que todo el mundo pudiese oÃrle. En fin, un verdadero ataque a la autoridad de tu padre y a la del tribunal, y unas infamias intolerables lanzadas por un guardia rural que, en realidad, más parece un perdonavidas.
—¡Oh! —exclamó Ray Longstreth, dolorida y atraÃda a la vez.