La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Los guardias rurales quieren mandar en el occidente de Texas cueste lo que cueste —añadió Lawson—. Son individuos de muy mala fama y muchos de ellos bastante peores que los forajidos a quienes persiguen. Abundan los que antes de ser guardias fueron bandidos y pistoleros.
Y este que ha llegado a Fairdale es uno de los peores. Es listo, inteligente, de maneras corteses, pero eso, precisamente, le hace más temible. QuerrÃa matar, le gustarÃa mucho tener una excusa para hacerlo. Si tu padre hubiese iniciado el más pequeño movimiento, seguramente le habrÃa pegado un tiro. Es un demonio sereno y frÃo a más no poder, que ha nacido para pistolero. ¡Dios mÃo! ¡Os aseguro que a cada momento estaba yo temiendo ver caer a tu padre muerto a mis pies!
—¡Oh Floyd! ¡Qué bandido! —exclamó horrorizada la señorita Longstreth.
—Debes tener en cuenta, Ray, que ese individuo, como todos los guardias rurales, anda buscando notoriedad. Representó esa comedia con Snecker buscando la oportunidad de acusar a tu padre. Trató de levantar a Fairdale contra él. Su acusación más grave y mal intencionada fue la que se referÃa a los pleitos. ¡Asà reventara! Ese maldito va a procurarnos muchos enemigos.