La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Aquel pasillo proporcionó a Duane la oportunidad de espiar de cerca al coronel y decidió aprovecharla a pesar del peligro que suponía. Avanzando con la mayor cautela, logró situarse bajo el seto que había a la entrada de aquel corredor. En la oscuridad reinante, una débil línea de luz descubrió una grieta de la pared, por donde se filtraba. Tuvo que entrar de lado por el pasadizo, contrayendo el cuerpo, pero logro pasar sin hacer el más ligero ruido. Al avanzar advirtió que aquel pasaje se ensanchaba algo, demostrándole que, en caso de tener que salir rápidamente, sería mucho mejor dirigirse al patio. Al llegar a la raya luminosa de la grieta descubierta vió que estaba muy alta. Por consiguiente, buscó algunos puntos de apoyo en la pared del pasadizo, que se caía a trozos, y apoyando las rodillas en un lado y la espalda en el opuesto pudo sostenerse para mirar por ella. Ya en aquel lugar, el peligro que pudiese correr no le importaba, porque desde allí pudo ver a Longstreth, que estaba sentado acariciándose el bigote muy pensativo. Con las cejas fruncidas miraba fijamente a Lawson, que parecía haber tomado una violenta resolución.
—Esta noche arreglaremos las dos cosas a la vez —decía Lawson—. Por eso he venido.
—Pero suponte que yo no quiera conferenciar aquí —contestó Longstreth, impaciente—. Nunca consentí que en mi casa…