La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Después de cenar, Duane salió a ejercer su acostumbrada vigilancia. La noche era muy oscura, no había estrellas en el cielo y un viento bastante fuerte agitaba las hojas de los árboles.
Dirigió sus pasos hacia el rancho de Longstreth. Estaba tan preocupado por sus ideas, que no se daba cuenta del transcurso del tiempo. Aquella noche, cuando llegó junto a los arbustos que rodeaban la vivienda, oyó los conocidos pasos de Lawson y vio abierta la puerta de la casa de Longstreth, gracias a lo cual se proyectaba una gran mancha de luz en la oscuridad que la envolvía. Lawson cruzó el umbral, cerró luego la puerta y la oscuridad reinó en el exterior. Ni un solo rayo de luz atravesaba las ventanas.
Sin duda habría sido muy interesante para Duane la conversación de los dos hombres. Se acercó sin ruido a la puerta y presto extraordinaria atención, pero sólo pudo oír el murmullo de unas voces. Además, su situación era demasiado arriesgada y, teniéndolo en cuenta, dio la vuelta a la esquina de la casa.
Aquel lado del edificio de adobe era mucho más antiguo que la parte posterior, bastante más espacioso. Entre las dos casas había un estrechísimo paso o corredor que, desde la parte exterior, conducía al patio.
