La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Entonces, el corpulento individuo, que debÃa de ser el jefe de los recién llegados, se puso en pie para marcharse lo hizo tan de prisa como al llegar, seguido por sus compañeros. Longstreth se dispuso a fumar tranquilamente un cigarro. Lawson, muy poco comunicativo, parecÃa estar a disgusto con la compañÃa de su socio. Fumaba de un modo desesperado y bebÃa continuamente. De pronto, se irguió como si prestase oÃdo.
—¿Qué es eso? —exclamo.
El fino oÃdo de Duane percibió un leve roce.
—Será una rata —replico Longstreth.
Aquel roce se fue acentuando de un modo gradual.
—Más bien parece una serpiente —observó Lawson.
Duane sintió un movimiento casi inapreciable en la pared que lo sostenÃa. Apenas prestaba fe a sus sentidos. Pero aquel roce podÃa confundirse, en el interior de la habitación de Longstreth, con el ruido de algunas partÃculas de barro al caer al suelo. La pared de adobe, que, en realidad, era de barro seco, se estaba desmoronando. Duane sintió con la mayor claridad un temblor de la pared y aquello le produjo cierta alarma.
—¿Que demonio ocurre? —exclamo Longstreth.
—Huele como a polvo —observo Lawson.
Aquélla fue la señal para que Duane saltara al suelo. A pesar del cuidado con que lo hizo, no pudo evitar el ruido de su caÃda.