La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Fue acogido con un grito ahogado. La habitación estaba bien alumbrada y pudo ver a Ray Longstreth, sentada en la cama y vestida con la bata de noche. Hizo un gesto recomendando silencio y luego se volvió para cerrar la puerta.
Ésta era muy gruesa y carecía de tranca o de cerrojo, pero en cuanto la hubo entornado se consideró seguro momentáneamente. Luego miro a su alrededor. Había una ventana con la persiana cerrada. Presto oído y le pareció oír unos pasos que se alejaban y morían en la distancia.
Entonces, Duane se volvió a la señorita Longstreth. Ésta habíase alejado de la cama y, arrodillada, extendía sus manos temblorosas. Estaba tan blanca como la almohada de su lecho. Era evidente que se había asustado muchísimo. Duane hizo otro ademán con la mano, para recomendarle silencio, y luego avanzo con lentitud hacia ella, deseoso de tranquilizarla.
La joven, sin embargo, profirió una ahogada exclamación debida al miedo y Duane creyó que se desmayaría. Al llegar junto a ella, la miro a los ojos y se explicó la extraña y sombría expresión que había en ellos. Estaba aterrada por creer que él deseaba matarla o, quizá, hacerla víctima de un atropello peor todavía. Duane no dudo de que su aspecto debía de ser poco tranquilizador al penetrar en aquella estancia con rostro severo y airado y empuñando el revólver.