La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Así fue como Duane pudo obtener del amable forajido todos los detalles de las fechas, hechos y lugares referentes a la banda durante los diez años que Fletcher perteneció a ella. Así se enteró de una historia oscura y sangrienta, tan increíble por el atrevimiento de que dieron muestras aquellos hombres como por la falta de pruebas de su actuación en toda la comarca que se extendía entre el Pecos y Río Grande. Duane se quedó asombrado, porque, comparado con aquel Cheseldine de la Gran Curva, con aquel ranchero y especulador de ganado, propietario y, al mismo tiempo, alcalde, todos los forajidos que había conocido él se quedaban en mantillas. El poderío de aquel hombre era asombroso, e incomprensible la fidelidad de sus hombres. En cuanto a la complicada organización interior de la banda resultaba sencillamente admirable. Pero cuando Duane se hubo repuesto de su asombro, volvió a sentirse animado por la terrible pasión de matar, y fue tanta la intensidad con que se apoderó de él, que ya no pudo resistirla. ¡Ojalá se hubiese hallado en Ord aquel Poggin de ensangrentadas manos, o Knell, el de ojos fríos y rostro cadavérico! Pero no estaban allí y Duane, transcurridas algunas horas, acabó por dominarse.