La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Nuevamente la inacción y la espera agobiaron la mente de Duane. Como perro atado, seguro de la pista y de su olfato, deseaba romper las ligaduras. Temblaba casi de impaciencia. Algo parecía atraerle de un modo inevitable a la cumbre del monte Ord. Pero mientras Fletcher permaneciera en Ord, en espera de la llegada de Knell o de Poggin, o de las órdenes oportunas, Duane no tenía más remedio que esperar a su vez.
