La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —¡Señores! —exclamó Duane con voz potente, al mismo tiempo que aparecÃa ante ellos—. Puedo asegurarles que están derrotados los dos.
Ambos dieron media vuelta para mirar a Duane.
—¡No se muevan! ¡Quietos! ¡No se muevan un dedo siquiera!, —les avisó éste.
Longstreth pudo ver lo que Lawson no fue capaz de comprender, y su rostro se puso lÃvido.
—¿Que quiere usted decir? —gritó ferozmente Lawson, porque no era hombre para obedecer órdenes aun que le amenazase la muerte.
Con los nervios tensos, pero dueño de sÃ, Duane levantó la mano izquierda para mostrar el reverso de su chaleco abierto. La estrella de plata resplandeció al mismo tiempo.
Lawson empezó a aullar como un perro. Con la furia propia de un loco, y animado por la impotente desesperación, llevo la mano a su revolver; pero el tiro de Duane interrumpió su movimiento.