La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —DÃgale usted a mi hija y a su prima que le hirió Lawson. Como va está muerto, no importa que le echemos la culpa. Por otra parte, Duane, le aseguro que va me siento otro. Vuelven a predominar en mà los antiguos sentimientos y me arrepiento de todo lo que he hecho. Le aseguro, por D: os, que, si pudiese, cambiarÃa gustoso con el destino de Lawson.
—Me alegro mucho de oÃrle, Longstreth —replicó Duane—. Confesaré que Lawson me hirió. Éste será nuestro secreto.
En aquel momento entraron las jóvenes en la estancia. Duane oyó dos leves gritos en tonos diferentes y vio también dos rostros muy pálidos. Ray se acercó a él y elevó su temblorosa mano para señalar la sangre que habÃa en su pecho. Y, sin pronunciar palabra, volvió los ojos hacia su padre.
—¡Papá! —exclamó, por fin, retorciéndose las manos.