La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Pocos minutos antes de la media apareció a lo lejos un oscuro y compacto grupo de jinetes que daba vuelta al camino para penetrar en la calle. Avanzaban al trote de sus monturas formando un grupo que hubiese llamado la atención de todo el mundo en cualquier momento o lugar. Al penetrar en la población avivaron el paso de sus caballos. Hallábanse a cuatro manzanas de distancia y, rápidamente, siguieron aproximándose.
Duane retrocedió hasta situarse en el centro del vestíbulo, en la parte alta de los escalones, para detenerse en el umbral de la ancha puerta.
Creyó percibir un ruido confuso, en el que se destacaban los choques de las herraduras de los caballos contra el suelo. Desde su observatorio sólo podía ver la esquina de la calle. Súbitamente aparecieron en su campo visual unos bayos cubiertos de polvo y, casi en seguida, se oyó el ruido que producían nerviosas patas al detenerse, obedeciendo a sus jinetes.