La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Duane vio al leonado Poggin mientras hablaba con sus compañeros. En seguida echó pie a tierra y los demás se apresuraron a seguirle. Todos ellos tenían el aspecto de rancheros que desearan realizar algún negocio u operación en el Banco. Ninguno llevaba al descubierto los revólveres. Poggin se dirigió sin vacilar hacia la puerta del Banco, apresurando un poco el paso. Los demás le seguían, formando compacto grupo. Blossom Kane llevaba un maletín en la mano izquierda. Jim Fletcher quedóse en la acera y había recogido ya en su mano las riendas de todos los caballos.
Poggin fue el primero en penetrar en el vestíbulo y tras él, a derecha e izquierda, respectivamente, Kane y Boldt.
Al entrar vio a Duane.
—¡Cuidado! —exclamó.
Algo pareció estallar en el pecho de Duane, dejándole repentinamente helado. ¿Sería el miedo?
—¡Buck Duane! —exclamó Kane.
Un instante después, Poggin levantó los ojos y Duane los clavó en el suelo.
El bandido saltó con la rapidez propia del jaguar y casi con la misma celeridad Duane extendió el armado brazo.
Simultáneamente se oyeron los disparos de ambas armas.