La Fuerza de la sangre

La Fuerza de la sangre

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Capítulo XXV

Resplandeció la luz ante los ojos de Duane…, era una luz intensa y rara que aumentaba y disminuía. Por largo tiempo oyó unos estampidos apagados. Aquello era un sueño, en el que no había nada; parecíale ser arrastrado mientras soportaba un enorme peso; sucesivamente se veía en la oscuridad, alumbrado por la luz, percibía ruidos y hasta movimientos; también experimentaba una sensación vaga de que transcurría mucho tiempo… ¡mucho! Además allí había fuego, unas llamas que subían, que consumían cuanto encontraban. Y por fin una espesa nube le envolvió y le llevó muy lejos.

Vagamente vio entonces una habitación extraña, personas desconocidas que se movían a su alrededor y oyó débiles voces, muy lejanas, como propias de un sueño. De nuevo volvió a ver con mayor claridad, con la inteligencia más despejada, pero todo le parecía carecer de realidad y estar envuelto en una extraña nube. Comprendió que no estaba muerto. Yacía inmóvil como una piedra y sentía un peso enorme sobre su cuerpo, además de un dolor intenso y apagado.

Se inclinó hacia él un rostro femenino pálido y dolorido, como uno de los antiguos fantasmas, pero de expresión dulce y elocuente. Luego pudo ver también el semblante de un hombre que le miraba a los ojos y parecía decir desde muy lejos.

—¡Duane…! ¡Duane…! ¡Ah! ¡Me ha conocido!


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