La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Después de aquello hubo otro largo intervalo de oscuridad. Al volver a la luz, aquella vez más clara, vio de nuevo al mismo hombre. Era Mac Nelly y una vez lo, hubo reconocido, el pasado se alejó rápidamente.
Duane se esforzó en hablar. Pero estaba muy débil y apenas podÃa mover los labios.
—¡Poggin! —murmuró. Su primer pensamiento consciente lo dedicaba al bandido. Aquélla era su pasión dominante, el instinto más fuerte en él.
—Poggin ha muerto, Duane; destrozado a balazos —replicó Mac Nelly con acento solemne—. ¡Cómo luchó! Mató a dos guardias e hirió a otros. ¡Dios mÃo! ¡Era un tigre! Agotó las balas de tres revólveres antes de que pudiéramos derribarle.
—¿Pudo… huir… alguno…?
—Solamente Fletcher, el que estaba al cuidado de los caballos. Todos los demás murieron. Este asunto está ya terminado, Duane, ¡terminado por completo! Le aseguro, amigo, mÃo, que es usted…
—¿Y ella?