La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —No hay más remedio que dar fe a mis palabras —contesto secamente Duane.
—¿Sus palabras? No tengo ningún motivo para creerle. Además, yo era el compañero de Lucas.
Al decir esto, Bosomer dio media vuelta y, empujando a un lado y a otro a sus compañeros, penetro en el garito, en donde empezó a rugir.
Duane desmonto y soltó la brida sobre el cuello de su caballo.
—Tenga usted en cuenta, amigo, que Bosomer es un hombre muy arrebatado —dijo el llamado Euchre, que, contrariamente a los demás, no se mostraba hostil ni insultante.
En aquel momento aparecieron otros forajidos a la puerta, precedidos de un hombre alto, casi gigantesco, cuya actitud daba a entender su condición de jefe. El rostro era anguloso; la barba, roja. Sus ojos claros, azules y frÃos se fijaron en Duane de un modo escrutador. No era tejano, y Duane se fijó, además, en el detalle de que ninguno de los forajidos parecÃa hijo de la región.
—Soy Bland —dijo aquel gigantesco hombre, con acento autoritario—. ¿Quién es usted y qué hace aqu�