La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Duane miró a Bland del mismo modo que a los demás. Aquel jefe de bandidos parecÃa ser razonable, aunque no se mostrase cortés. Y el joven volvió a referir la historia, aunque esta vez con mayor detalle.
—Le creo —dijo al fin Bland—. A mà no se me engaña fácilmente.
—Creo que está usted en lo cierto —dijo Euchre a su vez—. Ese detalle de que Lucas querÃa morir descalzo me ha convencido. El pobre muchacho tenÃa un miedo horrible a morir con las botas puestas.
Al oÃr la salida, el jefe y sus hombres se echaron a reÃr.
—¿Ha dicho usted que se llama Duane…? ¿Buck Duane? —preguntó Bland—. ¿Es usted hijo de aquel Duane, excelente tirador y hombre de pelo en pecho, que murió hace algunos años?
—Sà —contestó el joven.
—No llegue a conocerle personalmente y me alegro de ello —observó Bland con irónico acento—. ¿De modo que se metió usted en un mal paso y ha tenido que huir? ¿Qué le ocurrió?
—Tuve una cuestión.
—¿Una cuestión? ¿Querrá usted decir que utilizó el revólver? —preguntó Bland con acento de intensa curiosidad.
—SÃ, la cuestión terminó revólver en mano. Siento tener que decirlo —contestó Duane.