La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Era indudable que habÃa heredado un espÃritu luchador y una inclinación invencible de matar. Era el último de los Duane de aquella indomable raza de Texas. Pero no era el recuerdo de su padre, muerto ya, ni los ruegos de su madre, ni las prudentes advertencias de su tÃo —quien, en aquel momento, estaba en pie ante él— lo que puso de manifiesto a Buck Duane el impulso temible y pasional que llevaba en la sangre. Fue el sentir una extraña conmoción experimentada otras veces, un oscuro y fatal instinto que se le habÃa desarrollado durante los tres últimos años, más poderoso ahora que nunca.
—SÃ; Cal Bain está en el pueblo, repleto de whisky de mala calidad y empeñado en encontrarte —repitió con acento grave el hombre de más edad.
—Es ya la segunda vez —murmuró Duane, cual si hablase consigo mismo.
—Lo cierto es, hijo mÃo, que no podrás evitar el encuentro. Mas valdrÃa que te fueras del pueblo hasta que se le pasen los efectos de la bebida. Cuando no tiene el cuerpo lleno de alcohol no te odia.
—Pero ¿por qué me busca? —preguntó Duane—. ¿Para insultarme otra vez? Pues no estoy dispuesto a tolerarlo.
—Ha cogido una fiebre que en la actualidad está haciendo estragos en Texas, hijo mÃo. Quiere batirse a tiros. Y, si te encuentra, procurará matarte.
