La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Apareció Bosomer en la puerta, empujando a sus compañeros que querían detenerle, y al librarse de la última mano que le impedía el paso, profirió un gruñido propio de perro encolerizado. Sin duda alguna, los pocos minutos que pasó dentro del garito estuvo bebiendo y reconviniéndose, lleno de ira. Bland y los otros forajidos se apartaron con viveza, dejando solo a Duane. Cuando Bosomer le vio en pie, inmóvil y vigilante, se operó en él un rápido cambio. Se detuvo en el acto y al observarlo los hombres que le seguían, se atropellaron casi, en su prisa de situarse a un lado.