La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —¡Lo repetiré tantas veces como quieras! —exclamó, encolerizado, el primero—. Y hasta lo silbaré. ¿Estás sordo? Tienes los dedos muy listos. He visto cómo escondÃas una carta.
Siguió un silencio más profundo aún, preñado de amenazas. Duane observó que, por un momento, no se movió nadie. De pronto reinó el mayor desorden en la sala, porque todos se pusieron en pie y tomaron distintas direcciones.
—¡Salgamos! —gritó Euchre al oÃdo de Duane.
Dicho esto, se precipitó hacia la puerta; Duane dio un salto y le siguió corriendo. En un momento se vieron confundidos con una multitud que buscaba la salida a toda prisa, y, en la oscuridad que dejaban atrás, resonaron algunos disparos de revólver, confundidos con gritos salvajes. Entonces se detuvieron todos y varios se asomaron a la puerta para mirar.
—¿A quién se dirigÃa Kid Fuller? —preguntó un forajido.
—A Bud Marsh —contestó otro.
—Pues entonces los disparos han sido de Bud. ¡Adiós, Kid! Aunque no es raro que le haya ocurrido eso —añadió el primero.
—¿Cuántos tiros?
—He contado tres o cuatro.