La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Moviéndose como espectros a la luz de la luna, anduvieron horas y más horas. «Cuervo» merecía bien el nombre que llevaba. Les guió por lugares rocosos en los cuales sus pisadas no dejaban la huella más mínima y por donde ni el perro de mejor olfato habría podido seguir su pista; o bien por la corriente de algún arroyo, cuyas aguas cuidaban bien de borrar sus huellas, ya por las hondonadas sombrías, ya por los llanos cubiertos de hierba tierna que retenían levísimas las impresiones de sus mocasines. Todos andaban en fila detrás de él y siempre sobre sus mismas pisadas que, a la luz de la luna, les conducían con paso igual y rápido por aquellos bosques casi impenetrables, evitando los lugares demasiado peligrosos con aquel instinto peculiar de los indios.
Hacia la madrugada, la luna se escondió sumiéndoles en la oscuridad; pero eso no influyó lo más mínimo en su marcha, porque «Cuervo», guiado por las estrellas, siguió su camino en línea recta sin pararse ni un momento hasta que hubo despuntado el alba.