La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry En el centro del poblado había un grupo de cabañas juntas, más altas que los tepees que las rodeaban; eran los wigwams del jefe, a los cuales era conducido Isaac. Los guardas que le acompañaban le dejaron solo en una habitación circular que no contenía más que un asiento bajo y una nudosa maza de guerra. Al cabo de un momento Isaac oyó el ruido de los collares y adornos de cuentas y garras de oso y se volvió al mismo tiempo que entraba un indio alto y majestuoso. Era Tarhe, el jefe supremo de los wyandots. A pesar de tener unos setenta años andaba erguido y su cara tranquila y oscura como una máscara de bronce no indicaba su avanzada edad. Las líneas y facciones de su cara indicaban la pureza de su raza; su alta frente, el ángulo de su mandíbula saliente, su boca encogida, su mirada de halcón… todo denotaba el orgullo y la voluntad indomable del último de los Tarhe.
—«Águila Blanca» está otra vez en poder de Tarhe —dijo el jefe en su lengua nativa—. Aunque él tiene la velocidad del ciervo o el vuelo del águila, no le ha valido. Los gansos silvestres en su vuelo hacia el Norte no son más veloces que los guerreros de Tarhe; pero más veloz que todo eso es la venganza del hurón. El joven rostro pálido ha costado la vida de algunos grandes guerreros. ¿Qué es lo que tiene que decir?